jueves, octubre 27, 2016

Lo que aprendi en el camino

Lo que aprendí en el camino


Se escuchaba el grito de los niños que jugaban balompié en el parque y desde lejos estaba José solitario sentado bajo un árbol leyendo un libro. Tenía puesto una camiseta  color verde con un número 7 enfrente. Permanecía sentado y leyendo bajo el árbol, pero de repente escucho a alguien gritar. —¡José ven a jugar con nosotros!— Le decía uno de sus compañeros, pero se hizo el que no escuchaba.
Sus compañeros estaban disfrutando el ambiente, menos él.  Empezó a nublar. José permanecía bajo la sombra del árbol, pero decidió caminar alrededor del parque para sentirse libre de distracción.
—¡José! ¿Adónde vas? —le gritaba uno de sus compañeros que estaba jugando.
—A caminar.—dijo  mientras estaba metiendo sus cosas en su mochila.  Solamente dió una vuelta en el parque, decidió caminar un poco lejos. Iba lentamente con la cabeza agachada, mirando hacia el suelo.  En el camino  se encontraba con varias personas que muy andaban apresuradas.
—¿Por qué andan tan apresuradas? —se preguntaba en silencio, algunos iban  de camino al trabajo, escuela, Iglesia y otros no tenían un lugar determinado.


—¡Buenas días! —dijo José a la primera persona que se le quedó viendo, pero fue ignorado.
—¡Buenos días! —dijo otra vez pero nadie le hacía caso. Ese día parecía que José andaba caminando invisible.
—¿No entiendo porque me ignoran? —se preguntaba. Trataba de entender, “el porque”.
Aceleró sus pasos y alcanzó  unos ancianos que iban caminando lentamente. No quería rebasarlos y disminuyó sus pasos. Los ancianos caminaban y conversaban  tranquilamente..
—¿Sabes que Don Juan? —decía uno de ellos, Don Daniel. Que llevaba un machete colgado en la cintura y tenía puesto un sombrero medio viejo—. Cuando era Joven tenía muchas metas en la vida, pero con el paso del tiempo los he olvidado.
—Yo también. —contestaba  Don Juan, el otro anciano, mirando hacia el suelo—. Cuando tenía la edad de 18 me salí de mi casa para realizar mi propia vida. Al estar lejos de mi familia, pude entender la realidad de la vida. Aprendí a trabajar y sostenerme a mí mismo. Me hice independiente de mis padres.

Los dos ancianos iban hablando de sus experiencias y eso le interesó a José, aunque que él no era parte de la conversación. Los ancianos decían  frases muy interesantes que más tarde le sirvió de reflexión.
En el camino  José se dio cuenta que cada persona  hablaba de experiencias diferentes. Él, por el otro lado, carecía de experiencias y compañerismo. Escuchó atentamente aquellas experiencias que le pareció agradable e ignoró las otras. La vida lo miraba todo de color de rosa. Hacía falta crecer y aprender de la vida.
Caminaba distraído por poco no se cae  cuando pisa una piedra en el camino.
 —¿Ahora donde voy? —Dijo entre sí.  No tenía un destino específico. Esto me suena interesante. En algunas ocasiones me pasa lo mismo, pero me detengo  para ver mi mapa de guía. Suena muy técnico, pero en la vida es necesario tener algún tipo de guía.
Se le hizo  largo el camino. Al pasar cerca de un río que estaba en la orilla del camino, se detuvo para tomar un poco de agua. Al mirar su reflejo en el  agua se dió cuenta  que se estaba cambiando. Esto le causó medio y pegó  un grito de susto. Miró a su alrededor, pero no había nadie y se rió de sí mismo.


Miró hacia atrás, los ancianos se quedaron  lejos.  El camino fue largo y llegó a pararse en la cima de un cerro. Diría que llegó ahí por accidente, no tenía ninguna intención en llegar en la cima.  Desde la cumbre pudo ver el camino que recorrió. Se sentó bajo un árbol para reflexionar lo que había visto y oído.   En ese momento se acordó de algunos comentarios que escuchó de Don Juan y Daniel, los ancianos   que caminaron junto a  él. “Si eres niño, vive como niño. Si eres joven, vive como joven. Si eres adulto, vive como adulto. No trates de vivir la etapa que aún no has alcanzado”. Se quedó pensativo por un momento. —¿Qué fue realmente lo que quisieron decir estos señores? —se preguntaba.
Sus compañeros de la escuela terminaron de jugar y estuvieron buscándolo, pero no lo encontraron y ellos marcharon a casa.
 —¿Qué habrá sido de José? —Preguntó Carlos—.  Lo vi un poco preocupado y no participó en el partido.
—Le pregunté a dónde iba—replicó Manuel— y me dijo que iba a caminar, tomó sus cosas y se fue.
 Sus compañeros iban platicando lo divertido que fue el partido de balompié mientras iban de regreso a casa. El entrenador del partido se quedó buscando a José, mientras que su asistente llevó a los demás a sus casas.   José se fue muy lejos, estuvo tan distraído en en la plática de los ancianos y por distracción llegó a pararse en la cima del cerro.
—¿Qué es lo que he hecho en la vida? ¿Por qué me pase examinando la vida de los demás? —Se preguntaba desesperadamente.  Se encontraba lejos de sus amigos. Quizás se apartó intencionalmente.
—Si pudiera regresar  al camino que recorrí, me enfocaría solamente en mi camino. —se decía. Una vez más se detuvo para reflexionar lo que había escuchado de aquellos hombres sabios que caminaron frente a él.  “En este mundo no se  puede regresar  en el pasado porque el pasado ya se ha quedado en la historia. Lo que cuenta es lo que se haces hoy—.”  ¿Qué significa esto? —Estrechaba  las manos hacia el cielo esperando una respuesta milagrosa.
—¿Qué haces aquí niño?—Le preguntó un pastor de ovejas—. Te llevaré en mi casa mientras que lleguen tus padres.  —Obedeció y se fue con el pastor. Sus padres no aparecían.  Se quedó ahí por tres días.  El pastor de ovejas se levantaba temprano para meditar.  En una libreta,  José, anotada lo que observaba del pastor.  El pastor le habló de la importancia de relacionarse con la gente. —En esta vida la gente  solamente recordarán lo  bueno que has sido para ellos —explicó el pastor a José.
A su corta edad no alcanzaba entender muchas cosas. —¿LLevarse bien con la gente, porque lo tengo hacer?—Se movía la cabeza con gesto de negación.
—¿Donde estan amigos, tus hermanos y tus padres, porque no han venido a buscarte?
—No les importo. —contestó.
—Te das cuenta de la importancia de llevarse bien con los que te rodean. —replicó el pastor—. Por mucho tiempo me pasaba analizando la vida de los demás.  Nunca pensé que podía hacer una diferencia en la vida de ellos. Estaba encerrado en mi pequeño mundo.  Ya de viejo aprendí mi lección. Hoy, solo me enfoco en lo puedo hacer cada día. Las pequeñas obras se suman y te recompensan en el futuro. Nunca camines sin saber a dónde ir.  Aprovecha cada oportunidad que presenta la vida. Haz una cosa a la vez. No te quejes como los demás —segirió el pastor con tanta seguridad.
—¿Porque me hablas de esto? —dijo José, quizas ya quería regresar con sus amigos.
—Te llevaré con tus padres. —dijo el pastor desesperado por la actitud de José—. No debieron haberte dejado caminar hasta aquí.  —El pastor lo toma de las manos para llevarlo de regreso con sus papas. En el camino le dieron otras lecciones que más tarde le benefició en la vida.


II
Cuando José ya era joven empezó a escribir sus metas. Aprendió la importancia de tener una guía en la vida. Tenía suficiente motivación para seguir estudiando y superar en la vida.  Su maestro de secundaria le enseño como crear sus metas.
—Lo más importante en la vida es siempre tener un objetivo, —dijo su maestro—. y  lo puedes crear en cualquier momento.  Segundo, debes de tener un plan de acción para que esa meta no se convierta en deseo.
Cada día, José, aprendía nuevas lecciones. Del pastor aprendió a meditar y de su maestro la importancia de tener metas escritas. Combinado estas lecciones tendría una buena guía. El día se le hizo largo y se queda dormido.
 —¡José! ¡José! Levante— gritaba su madre.  —Se le hizo tarde para ir a la escuela. Su desayuno ya estaba preparado, comió tan  rápido y toma la bicicleta de su hermano para ir a la escuela.
—No hay que esperar  llegar a cierta edad para hacer un cambio en nuestra vida y en la vida de los demás. El cambiar o hacer una diferencia, empieza hoy, porque es el único momento que tenemos. En el camino de la vida  encontramos  las respuestas a nuestras preguntas. —Se acordaba de lo último que le dijo el pastor de ovejas. Cada día tomada acción.
—¿Cuál es tu sueño? ¿Cuál es tu misión en la vida?—También se acordaba de las platicas largas que tuvo con su maestro—.  Si, por alguna razón  se te olvidó que tenías una misión, te invito a que reflexiones por un momento para que pienses  en que has fallado. Nunca es tarde para remediar el pasado. —Esto sería su última lección del maestro.





Editado 10.15.16